domingo, 17 de noviembre de 2013

Pequeño y tierno sentimiento


Pequeño y tierno sentimiento


Había una vez… ¿Por qué todos los cuentos tienen que empezar con ese dichoso había una vez? Pero está bien para no perder la tradición, empezaré relatando este cuento de esa manera.
Había una vez, en un alguna parte de este extraño, mejor dicho misterioso universo, en donde habitan muchas personas, llegaron a coincidir en conocerse dos niños sin saber que ellos llegarían a iniciar y marcar tanto su historia de vida, como la de otras dos personas, que más adelante conocerás…
Era lunes, el primer día de clases, Aidé esperaba en la parada del camión escolar entusiasmada y temerosa de que este llegara, pensaba en cómo podría ser su primer día, cuantos nuevos amigos tendría, si sería un buen día o uno malo, que cosas pasarían que recordaría para toda la vida; vestía un blanco y cómodo vestido. El camión escolar ha llegado a su parada, ella tímidamente se sube a este, busca un lugar para sentarse, encuentra uno alado de un niño callado, pero amable al quitar su mochila para que Aidé se sentara, se alegró de poder pensar que podría ser un amigo nuevo, su primer amigo, pero no se atrevió a hablarle, el niño lucía algo atento a lo que veía por la ventanilla del camión; era güero, con el cabello rizado de color castaño claro, ojos color verde con mezcla de miel, no quería interrumpirlo con preguntas tontas de una niña temerosa, pero tenía curiosidad por conocerlo, algo le llamaba la atención en él, su peculiar apariencia o su forma de ser.
Por fin el camión llego a la escuela, sus nervios se alteraron más, se paró y dispuso a bajarse del camión, estaba ya con los dos pies sobre el asfalto de la entrada de la escuela, entró a la escuela por fin, buscaba su salón y su grupo, por fin lo encontró, entro en este busco un buen lugar para sentarse y acomodar sus cosas, de pronto alzó la mirada hacia la puerta, vio cómo entraba el mismo niño que se sentó con ella, iba también en ese salón. Su primera clase, fue divertida, era pintura, pero no cualquier, clase de pintura, les enseñaron a como pintar unas deliciosas galletas para después comérselas, a Aidé le tocó decorar su galleta a la del niño del camión, cruzaron miradas, pero no se atrevían a hablar, hasta que Aidé decidió preguntarle porque había pintado su galleta de sólo dos únicos colores, lo cual a ella le parecía tonto, existiendo más colores, pero el sólo le contestó que él siempre quiere tener en cada instante lo que más le gusta y esos era sus colores preferidos, al término de esto él le regaló una sonrisa y le dijo su nombre; Bruno, él se llamaba así, ahora sabía su nombre, ya no le llamaría el niño del camión.
Ella terminó su galleta, era una especie de tarta, rellena de fresas, con crema batida, muy bien adornada, una gran obra de arte, para ser una simple galleta, Bruno apreció su galleta, era una estupenda torre, cuando la terminó, Aidé tomó su galleta y se la entregó a Bruno, diciéndole, que por ser su primer amigo en el día de doy le regalaría su galleta, él se sonrojó un poco al escuchar esto, y sólo pudo contestar con un simple gracias y una acogedora sonrisa.
La siguiente actividad de la maestra, fue ponerles una película para que vieran todos, a Bruno le aburrió así que le envió un papelito a Aidé en el cual decía:
Salimos, quiero enseñarte algo”
Todo esto escrito con colores, Aidé solo le pudo hacer una mueca de aceptación ante su propuesta, así que mientras la maestra caminaba a su escritorio, los niños salían del salón cautelosamente, sin ser vistos por nadie. Bruno llevó a Aidé a la parte trasera de la escuela donde se encontraban los juegos parecidos a los de los parques, la tomó de la mano y la condujo debajo de uno, en donde la sombra de una árbol daba perfectamente, se recostaron en el suelo con la mirada hacia el cielo, Bruno le señalaba que entre el espacio de hoja y hoja, se atravesaba la luz del sol y como hacían figuras en el suelo, también le mostro que figuras veía en las nubes, sin darse cuenta a Aidé le gustaba estar con él, el niño extraño de su camión se convirtió en menos de un día en su amigo y cómplice.
Los días transcurrían, en la escuela mientras todos hacían las dinámicas que le correspondían al grupo Aidé y Bruno vivían en su mundo, eran diferentes a los demás, en el momento en que estaban juntos, sólo existían ellos, nada más, nadie más, en la clase de deportes; mientras todos jugaban a patear la pelota, como si no hubiera mañana, ellos eran así, disfrutaban cada momento, como si no hubiera un después, a Aidé le gustaba estar con “su amigo del camión”.
Después de muchas semanas, las cuales no parecían pasar para Aidé, quien podía encontrar un motivo más para quedarse con él, eran muy divertidos cada juego que hacían, desde el simple hecho de dibujar, hasta el correr por una pelota, el admirar el cielo, o simplemente escuchar sus silencios, en cualquier momento llegarían sus padres por ellos, pero hoy fue diferente, hoy tomó de su mano, y corrieron hacia el salón de cuentos, pidió que posara para él, para que la dibujara, y lo hizo, puso su mejor postura de ballet que en ese entonces era la que mejor le salía, y lo hizo, me dibujo, ella aun recuerda que aquel dibujo de crayón naranja era la mejor pintura que pudo haber conocido en toda su vida. Ahora sabe lo que esos momentos con Bruno significaban, cuando eran pequeños, con “su amigo del camión”, extrañaba esa sensación, al estar con alguien como él.
Oh su maestro acaba de entrar, esperando volver a ver a su “amigo del camión”, aún en cada clase levantando su mirada, esperando que un día pueda reconocerlo, entrando por la puerta de su salón, el único recuerdo que le queda a Aidé, es ese hermoso dibujo, que le hizo Bruno cuando eran pequeños, y las secuelas de ese sentimiento, que es el más puro, el amor entre dos pequeños colegiales…

CONTINUARÁ…
Autor: Karen Martínez Hernández
Editora: Chávez Mateo Jazmín Susana

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