Pequeño y tierno sentimiento
Había
una vez… ¿Por qué todos los cuentos tienen que empezar con ese
dichoso había una vez? Pero está bien para no perder la tradición,
empezaré relatando este cuento de esa manera.
Había
una vez, en un alguna parte de este extraño, mejor dicho misterioso
universo, en donde habitan muchas personas, llegaron a coincidir en
conocerse dos niños sin saber que ellos llegarían a iniciar y
marcar tanto su historia de vida, como la de otras dos personas, que
más adelante conocerás…
Era
lunes, el primer día de clases, Aidé esperaba en la parada del
camión escolar entusiasmada y temerosa de que este llegara, pensaba
en cómo podría ser su primer día, cuantos nuevos amigos tendría,
si sería un buen día o uno malo, que cosas pasarían que recordaría
para toda la vida; vestía un blanco y cómodo vestido. El camión
escolar ha llegado a su parada, ella tímidamente se sube a este,
busca un lugar para sentarse, encuentra uno alado de un niño
callado, pero amable al quitar su mochila para que Aidé se sentara,
se alegró de poder pensar que podría ser un amigo nuevo, su primer
amigo, pero no se atrevió a hablarle, el niño lucía algo atento a
lo que veía por la ventanilla del camión; era güero, con el
cabello rizado de color castaño claro, ojos color verde con mezcla
de miel, no quería interrumpirlo con preguntas tontas de una niña
temerosa, pero tenía curiosidad por conocerlo, algo le llamaba la
atención en él, su peculiar apariencia o su forma de ser.
Por fin
el camión llego a la escuela, sus nervios se alteraron más, se paró
y dispuso a bajarse del camión, estaba ya con los dos pies sobre el
asfalto de la entrada de la escuela, entró a la escuela por fin,
buscaba su salón y su grupo, por fin lo encontró, entro en este
busco un buen lugar para sentarse y acomodar sus cosas, de pronto
alzó la mirada hacia la puerta, vio cómo entraba el mismo niño que
se sentó con ella, iba también en ese salón. Su primera clase, fue
divertida, era pintura, pero no cualquier, clase de pintura, les
enseñaron a como pintar unas deliciosas galletas para después
comérselas, a Aidé le tocó decorar su galleta a la del niño del
camión, cruzaron miradas, pero no se atrevían a hablar, hasta que
Aidé decidió preguntarle porque había pintado su galleta de sólo
dos únicos colores, lo cual a ella le parecía tonto, existiendo más
colores, pero el sólo le contestó que él siempre quiere tener en
cada instante lo que más le gusta y esos era sus colores preferidos,
al término de esto él le regaló una sonrisa y le dijo su nombre;
Bruno, él se llamaba así, ahora sabía su nombre, ya no le llamaría
el niño del camión.
Ella
terminó su galleta, era una especie de tarta, rellena de fresas, con
crema batida, muy bien adornada, una gran obra de arte, para ser una
simple galleta, Bruno apreció su galleta, era una estupenda torre,
cuando la terminó, Aidé tomó su galleta y se la entregó a Bruno,
diciéndole, que por ser su primer amigo en el día de doy le
regalaría su galleta, él se sonrojó un poco al escuchar esto, y
sólo pudo contestar con un simple gracias y una acogedora sonrisa.
La
siguiente actividad de la maestra, fue ponerles una película para
que vieran todos, a Bruno le aburrió así que le envió un papelito
a Aidé en el cual decía:
“Salimos,
quiero enseñarte algo”
Todo
esto escrito con colores, Aidé solo le pudo hacer una mueca de
aceptación ante su propuesta, así que mientras la maestra caminaba
a su escritorio, los niños salían del salón cautelosamente, sin
ser vistos por nadie. Bruno llevó a Aidé a la parte trasera de la
escuela donde se encontraban los juegos parecidos a los de los
parques, la tomó de la mano y la condujo debajo de uno, en donde la
sombra de una árbol daba perfectamente, se recostaron en el suelo
con la mirada hacia el cielo, Bruno le señalaba que entre el espacio
de hoja y hoja, se atravesaba la luz del sol y como hacían figuras
en el suelo, también le mostro que figuras veía en las nubes, sin
darse cuenta a Aidé le gustaba estar con él, el niño extraño de
su camión se convirtió en menos de un día en su amigo y cómplice.
Los días
transcurrían, en la escuela mientras todos hacían las dinámicas
que le correspondían al grupo Aidé y Bruno vivían en su mundo,
eran diferentes a los demás, en el momento en que estaban juntos,
sólo existían ellos, nada más, nadie más, en la clase de
deportes; mientras todos jugaban a patear la pelota, como si no
hubiera mañana, ellos eran así, disfrutaban cada momento, como si
no hubiera un después, a Aidé le gustaba estar con “su amigo del
camión”.
Después
de muchas semanas, las cuales no parecían pasar para Aidé, quien
podía encontrar un motivo más para quedarse con él, eran muy
divertidos cada juego que hacían, desde el simple hecho de dibujar,
hasta el correr por una pelota, el admirar el cielo, o simplemente
escuchar sus silencios, en cualquier momento llegarían sus padres
por ellos, pero hoy fue diferente, hoy tomó de su mano, y corrieron
hacia el salón de cuentos, pidió que posara para él, para que la
dibujara, y lo hizo, puso su mejor postura de ballet que en ese
entonces era la que mejor le salía, y lo hizo, me dibujo, ella aun
recuerda que aquel dibujo de crayón naranja era la mejor pintura que
pudo haber conocido en toda su vida. Ahora sabe lo que esos momentos
con Bruno significaban, cuando eran pequeños, con “su amigo del
camión”, extrañaba esa sensación, al estar con alguien como él.
Oh su
maestro acaba de entrar, esperando volver a ver a su “amigo del
camión”, aún en cada clase levantando su mirada, esperando que un
día pueda reconocerlo, entrando por la puerta de su salón, el único
recuerdo que le queda a Aidé, es ese hermoso dibujo, que le hizo
Bruno cuando eran pequeños, y las secuelas de ese sentimiento, que
es el más puro, el amor entre dos pequeños colegiales…
CONTINUARÁ…
Autor:
Karen Martínez Hernández
Editora:
Chávez Mateo Jazmín Susana
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