Libro
y sombra.
Se
atravesó un mosquito enfrente de ella, lo vio moverse delicadamente
de izquierda a derecha ,cuando el animal menos lo espero, ella hizo
un movimiento fuerte pero preciso, con el cual, aquel mosquito murió.
Al
terminar de tomar su bebida caliente empezó a sentir una sensación
extraña, como si su cabeza comenzara arder. Esperó a que toda su
familia terminara de cenar, aunque solo se tratara de dos
integrantes, su amiga y su perro, dio las gracias, recogió su taza
de plástico, que tenía un color deprimente ,la llevo al
lavatrastos, limpio el espacio ocupado en la mesa y se dirigió a su
cuarto.
Su
habitación era parte de su refugio, en donde podía desahogarse con
ella, y claro con un libro que siempre tenía la capacidad y el
tiempo de escuchar ¿Qué tal estuvo su día?
Y esa
primera frase que leyó en el libro fue la culpable de su lágrima.
Su amiga
entro a ese refugio sin tocar la puerta, la vio, prendió la luz y
paso al baño, su perro como buen faldero, venía tras ella dejando
el sonido jadeante de su respiración .Su amiga era tan distraída
que no notó que estaba llorando, y si lo noto no le dio importancia.
Se terminó de bañar y volvió a salir con una toalla alrededor de
su cuerpo, sin decir una palabra. El perro la siguió.
Yo
observaba todo desde mi ventana, escuchando una canción, una y otra
y otra vez, esa canción era una de las que podría escuchar todo el
día. Debería estar haciendo mi ensayo sobre la política pero
observarles era mucho más sano que comenzar mi ensayo.
Tenía
mucha curiosidad de saber más de aquella pareja de niñas, sobre
todo de la más pequeña, la del libro.
Eran las
12:13 de la noche aproximadamente y en ese departamento solo veía la
luz que traspasaba la cortina que ya habían cerrado. Fui a mi
refrigerador, busqué un poco de leche, ya no había, me serví un
poco de agua y me senté en el riel de mi ventanal, pensando en…
¿Por qué en la noche o en la madrugada, siempre, esa niña, se
levantaba y se quedaba ahí en su ventana durante una o dos horas?
La luz
de aquel departamento se apagó, ese fue suficiente motivo para
empezar a hacer mi ensayo. Pensé…política hay tanto que hacer con
eso, como para perder mis horas de sueño hablando de eso. Pero
bueno, la escuela te enseña más a hablar que a hacer, así que
terminé mí ensayo.
Como
cuarto para las dos, recogí mi vaso que había dejado en el ventanal
y vi de nuevo la luz del otro departamento, pero esta vez era más
tenue, reflejaba la sombra de un cuerpo identificable, era la niña,
pero me asome bien para asegurarme.
Me quedé
observándola fijamente por un rato, abrí mi ventana y la luz se
apagó, Salí de mi departamento y crucé el pequeño pasillo
adornado con flores que nos dividía, ella hecho un vistazo alzando
su cortina y yo hice un gesto que reemplazaba a un hola.
Abrió
su ventana, hizo a un lado su cortina que estorbaba y se quedó
viéndome. No se cómo, salió de mi boca un ¿Qué tienes?, al
escuchar esto, subió su mirada a mis ojos y dijo-te conozco-
-no
podrías, porque yo solo te he visto una vez… ammm y eso, eso no es
conocer a una persona.
-yo te
conozco.
Su cara
tenía una expresión de tristeza sin lágrimas.
-te
conozco más que tú.
Sonreí
e hice la pregunta ms natural que pude.
¿Por
qué?
-por
qué has estado en mí, conozco tu tristeza. Tú la conoces vista
desde fuera. ¡Conoces tan poco de ti!
No
entendía nada. Ella decía las cosas con un poco de coraje.
Sentí
que alguien me lamia la mano, olí a un perro y escuche la
respiración jadeante. Me senté en la orilla de mi cama y al otro
extremo vi a mi amiga, me paré desesperada y me asomé por la
ventana. Vi el otro departamento, solo, vacío, deshabitado, triste.
Sentí un cosquilleo en la lengua y fui por mi libro y ensayo.
El
silencio me dio miedo y comencé a llorar.
Autor:
Osiris Abril Hernández Espinoza
Editora:
Chávez Mateo jazmín Susana
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