sábado, 9 de noviembre de 2013

El duende se ha enamorado.
En una comunidad de Veracruz, llamada Catemaco una señora me contó su experiencia con seres extraños, curiosos pero extraños.
Se encontraba en su casa cuando un sonido raro  la despertó, dice que sonaban como risas muy agudas. No hizo caso, pues en esa comunidad es muy común, este tipo de cosas, escuchar ruidos extraños, ver cosas no tan normales, etc.
Al otro día se encontraba con su esposo y su hijo, limpiando y acomodando su casa, porque  se acababan de mudar.
Cuando dejaban algo en un lugar, esto desaparecía y aparecía en otro.
En alguna ocasión dejaron las llaves en el desayunador y aparecieron en la mesa,  la señora le pregunto a su esposo que si las había tomado. El contesto que no, entonces dedujo que había sido su hijo. Pero su hijo estaba jugando en su cuarto.
Cuando la señora se percató de las cosas que estaban sucedido en su casa, le comento a su esposo, pero lamentablemente no le creyó.
Después de haber ocurrido varias veces lo mismo, dejo los cerillos  en el borde de la ventana a propósito para ver ¿Qué sucedía con ellos? Se fue y cuando regreso los cerillos se encontraban en la mesa, lo peor de esto es que aparentemente estaba sola.
Salió de su casa para contarle a su hermana lo que pasaba, ella le dijo que cuando pasara esto, se pusiera alguna prenda de vestir o los zapatos al revés  y así la dejarían de molestar.
Cuando regreso a su casa, ya con la blusa al revés, encontró a medio  pasillo de su casa una hermosa flor. Pero antes de recogerla se acordó de lo que su mamá le decía de pequeña, “Cuando un chaneque (duende) se enamora, deja una flor y si la recoges, es como si lo aceptaras, y no te dejara de molestar”
La señora no  recogió la flor, pero hasta ahora ella sigue viviendo en el mismo lugar con las mismas molestias.
Autor: Abril Hernández Espinoza.

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