Agentes
secretos
Michelle Estefanía Santiago Mesinas
Era un día como hoy, durante el verano del año pasado, mis amigos habían regresado de las aventuras que a cada uno nos asignaron en la agencia de Agentes Secretos y Miembros Maravilloso SA de CV. Y como cada año mi madre nos esperaba entusiasmada en la guarida.
Al vernos entrar mi madre ya había dejado en cada una de las camas la sección del cine, como cuando éramos niños nos encantaban las películas de acción y de súper héroes, nunca nos imaginábamos que de grandes podríamos ser algo muy similar y extraordinario.
Al ver toda la cartelera vimos cómo entre líneas estaba nuestra película ¨Agentes Secretos¨ inmediatamente compramos los boletos para la función de las 7:00 pm. Al llegar al cine todos íbamos con unas ganas insoportables de ya entrar a ver la película y nadie se percató de la estructura y la belleza del lugar, solo veía que el suelo era como de vidrio, nadie se preguntaba nada pues eso era lo que menos nos importaba.
Al fin entramos a la función y ahí estábamos, si ahí en la pantalla gigantesca del cine, los cuatro mostrando nuestras habilidades y poderes. Y así entre risas y lloriqueos de felicidad terminó la película.
Nos pasaron al frente a los cuatro agentes secretos o buenos ya no secretos si no famosos y nos brindaron un fuerte aplauso, la gente se ponía loca al vernos, se tomaban fotos y nos sentíamos en un paparazzi. Al no poder más con la gente a nuestro alrededor decidimos salir corriendo de la sala, tiramos palomitas, nachos incluso vaciamos nuestros refrescos a los de seguridad ya todos sabían nuestras identidades.
En un solo abrir y cerrar de ojos, bajamos las escaleras sin ninguna complicación y justo al llegar a una fuente que yo creía que era de cristal pise y ¡¡ oohhhhhhhhhh sorpresa!!
No era de cristal, mi pie rápidamente se hundió llenando de agua mi bota y quedando como el motivo de la risa de todos mis amigos, al igual que yo reían a grandes carcajadas por tan inigualable sorpresa, pero mi risa fue la primera en desaparecer pues no era nada agradable caminar con un zapato mojado y con un zapato seco.
Editora Martha Ivonne López García

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